La Plata, en el blog de gastronomía de La Vanguardia

Lourdes López nos ha escrito este delicioso artículo sobre La Plata en su blog de gastronomía de La Vanguardia, que reproducimos a continuación. ¡Mil gracias por el cariño y hasta pronto!

Bar La Plata, 70 años de tapas en el Gótico

El bar La Plata solo sirve cuatro tapas: fritura de pescaíto, anchoas, ensalada de tomate y bar la plata gastronomía Lourdes López La Vanguardiacebolla con aceitunas y pincho de anchoa. Nada más. Y sobre estos cuatro bocados se asienta toda una institución del tapeo en el Gótico. El sentido común dicta que cumplir 70 años y aguantar la competencia vecina con esta escueta carta de presentación, solo significa una cosa: para el precio, aquí se come de cojones. Pues sí. Poca cosa pero muy bien hecha y mejor servida. Las anchoas y olivas las traen desde hace años de la Ribera de Santoña (las mismas que en El Xampanyet); los tomates de temporada y la butifarra de payés desde  Sant Iscle de Vallalta; y el pan lo compran al Forn VilaMala, en la vecina calle Agullers. Ah! Y cebolla con DOP de la comarca de Fuentes de Ebro.gastronomía la vanguardia Louloulopez bar La plata

Pero las frituras –que no fritangas- son las vedettes de la casa. El pescaíto frito tiene el superpoder de hacerte viajar  hasta templos de la Costa de la Luz –y pienso en El Manteca- o la del Sol – allí están tótems del espeto malagueño como El Caleño o los Hermanos Muñoz en El Pedregal-.Y es que sur y norte están en las buenas cosas del comer, hermanados por lujos como el aceite puro de oliva. Base de cualquier buena fritura, al fin.  La aparente sencillez de la fritura es uno de esos pilares culinarios en el que más se tropieza. Aceite de calidad a 180 grados, pescado fresco, un enharinado sin excesos y un golpe de maestría al sumergir y sacar el pescado a tiempo para que no humee. El tiempo preciso siempre es la clave. La musa asiste a bares como este que son segunda casa de muchos chefs que han venido –y vienen- aquí a tomarse una modesta copa de tinto a granel (1,20 euros) o un vermut Perucchi clásico de la casa. De la mejor manera dese 1945.

Cuando apoyéis los codos en su barra, alicatada con azulejos en un azul añil y blanco, pensad que fue la nevera de arcón del barrio, testigo mudo de cuando hace 100 años la gente corriente no podía conservar nada en casa y traía aquí lo poco que compraba. La magia tras ella corre desde hace 43 años a cargo de Pepe Gómez, un malagueño que se siente tan catalán como Picasso.  Lleva desde los nueve años en Barcelona, media vida tras la barra de La Plata que siente casi como propia, y ha visto pasar el auge del turismo, la subida exorbitada de precios de la competencia, la vida… Casi esperando ya la jubiliación de una profesión que “aunque muy sacrificada” le gusta mucho, le consuela que haya relevo generacional en David. Más Pepes que nos hacen falta en los bares de Barcelona y más bares con solera, como La Plata para bebérnoslos y comérnoslos todos.

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