Pepe, el alma de La Plata

La Plata se escribe con p de Pepito, su fundador en 1945, y de Pepe, que lleva más de cuatro décadas derrochando simpatía desde la barra. Desde que entró a trabajar en 1972, con 14 años, no ha perdido la sonrisa. Y ha visto como la clientela de esta antigua taveran del barrio Gótico ha ido cambiando con el paso del tiempo. Los parroquianos de toda la vida han dejado paso a sus hijos y a los turistas de visita por Barcelona. “La diferencia entre la clientela de entonces y la que ahora es abismal. Antes había muchos trabajadores del puerto, Correos, Hacienda y ahora hay muchos turistas”. A todos los que se pasan a comer, cenar o a hacer el aperitivo les trata con su alegría contagiosa. “Lo importante es que se sientan en familia y que no falte el cachondeo. El otro día uno que ya venía con su padre me dijo ‘Hostia, es entrar aquí y como si estuviera en casa’. ‘Si yo ya te cambiaba los pañales’, le dije. Esta segunda generación le ha cambiado el nombre al bar. Los mayores lo conocían por los pescaditos. Ahora los jóvenes ya dicen vamos a cenar a La Plata”. “El secreto es tener un buen vino y las cuatro tapas, simples, rápidas pero buenas y con productos de calidad y a precios razonables”, dice este malagueño: el tomate de Sant Cebrià de Vallalta, el pescado de la Llotja del Peix de la Barceloneta y las anchoas de Santoña. Pero, aunque no lo diga, el verdadero ingrediente secreto es el salero de Pepe, el alma de La Plata.

 

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La Plata starts with P. P stands for Pepito, who founded Bar La Plata in 1945, and also for Pepe, who has been welcoming the guests to the famous restaurant of the Gothic Quarter for over four decades. Since he started in 1972, with 14 years, he has not lost his smile behind the bar.

Pepe has seen many people come and go to this old tavern over the years, from the regular guests in the 70s, 80s and 90s, to the new generation. “There is a huge difference between the clients we had then and today. Back in the days we served the working class and today we have many more tourists visiting Barcelona”, says Pepe, while he serves everybody that goes to the restaurant to lunch or dinner with the same contagious smile. “It is important that they feel at home and enjoy their time here. The other day a client showed up who used to come here with his father. He said: ‘Wow, this feels like being home’. I told him ‘of course, I even used to change your diapers!”

Pepe is happy with the evolution of the years. “The new generation has changed the name of the bar. Once it was known by ‘Los Pescaditos’ (little fish), and now they just say ‘Vamos a comer a la Plata’ (Let’s eat at la Plata).”

Which has been the secret of success over so many years? “Good wine and our four tapas!” says Pepe. “They are simple, served fast and very delicious. We serve great products and great wine for a very reasonable price.”

The four tapas served every day are Tomate de Sant Cebria with little olives, Pescado de la Llotja del Peix (Fish), Anchovies from Santoña and the Butifarra on Pan con Tomate (Catalan sausage).

And although Pepe does not admit it, his charm is the reason why the restaurant is so successful, the soul of Bar La Plata.

2 pensamientos en “Pepe, el alma de La Plata

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