De padres a hijos

La Plata es una tradición que pasa de padres a hijos. Y no solo entre los clientes. El bar que fundaron Josep y Quimeta en 1945 pasó a su hija Anna. Los últimos 10 años Josep Maria Pont había sido la pareja en la barra del eterno del Pepe, que ya lleva 42 derrochando simpatía en el bar, hasta que el pasado mes de abril se jubiló para pasar el testigo a su hijo David.

La vida laboral de Josep Maria empezó y terminó en La Plata. “Con 14 años entré de aprendiz en un bar de Mataró que también se llamaba La Plata”. Tras pasar por el sector textil, el de la construcción y llevar un club de tenis, hace 10 años empezó a trabajar en este bar del barrio Gótico de Barcelona que, pese a las coincidencias de nombres, Josep Maria asegura que es irrepetible. “No es un bar cualquiera, tiene algo que lo hace especial”. ¿Y qué es? “Más allá de que las tapas estén muy buenas, la salsa especial es el trato tan familiar que hay. No es de esos bares o restaurantes impersonales para tomar algo, sino que aquí todos hablan con todos y puedes tener una conversación como si estuvieras en casa”. Eso es lo que más echa de menos ahora que, a los 63, se ha prejubilado. “Añoro el trato con los clientes de toda la vida. Estoy muy contento de poder haberle pasado el testigo a mi hijo pero me da un poco de envidia, la verdad”.

David está igual de entusiasmado que Josep Maria. “La acogida ha sido muy buena. Pepe lo hace todo mucho más fácil y la gente ha sido muy simpática, especialmente los clientes habituales: todos me preguntan mucho por mi padre, al que veo que apreciaban mucho. Más que tres meses, parece que ya llevo años aquí”. En este tiempo se ha dado cuenta de que, efectivamente, La Plata tiene algo especial. “Tiene algo que quien lo prueba repite. Hay gente que lleva 40 años viniendo y eso es porque le encuentran algo especial, no solo que la comida esté muy buena, sino por la atmósfera del local, por el trato muy cercano. El otro día vino un cliente que me dijo: ‘Yo ya venía con mi padre y ahora traigo a mis hijos’ ”. Adrià y Sergi, los hijos de David de 3 y 2 años, también están fascinados con La Plata. “¿Cuándo nos llevarás a comer butifarra?”. Quién sabe si de aquí unos años son ellos los que continúan la tradición familiar.

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La Plata is a tradition passed down through families. And not only among customers. The bar that Josep and Quimeta founded in 1945 passed to their daughter Anna. The last 10 years Josep Maria Pont has been waiter with the eternal Pepe -42 years spreading sympathy in the bar- until he retired last April to pass the baton to his son David.
Josep Maria’s working life began and ended in La Plata. “At 14 I started as an apprentice in a bar in Mataró also named La Plata”. After several jobs in the textile and construction sectors and as a manager of a tennis club, 10 years ago he started working at this bar in the Gothic Quarter of Barcelona that, despite the similarities of names, Josep Maria says that is unique. “It’s not just another bar, it has something that makes it special”.

And what is it? “The tapas are excellent, but the special sauce is the familiar atmosphere. It’s not one of those impersonal bars or restaurants; here everyone talks to everyone, chating like if they were at home”. That’s what he misses most now that, at 63, has retired. “I miss dealing with the regular customers. I’m very happy to have passed the baton to my son, but I have to admit that I’m a little bit envious”.

David is even happier than Josep Maria. “I’ve had a really warm welcome. Pepe makes everything much easier and people have been very friendly, especially the regular customers: all have been asking me a lot about my father, I see that they appreciate him a lot. Instead of three months, it seems that I have been working here for years”.

In this time David has realized that, indeed, La Plata has a special charm. “This bar has something that makes everyone repeat. There are people that has been coming for 40 years and that’s because it has something special, not only the very food, but the familiar atmosphere and treatment. The other day a client told me: ‘I used to come with my father and now I’m coming with my children’”.Adrià and Sergi, David’s 3 and 2 year-old kids, are also fascinated with La Plata. “When will you take us there to eat sausage?”. Who knows if in a few years they will continue the family tradition.

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